Ejercicio 1 — TEXTO A
Comprensión lectora5 puntosBLOQUE 1 (Textos) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean dos textos (A y B), de los que debe elegir SOLAMENTE UNO y responder a las cuestiones correspondientes. Este es el texto A.
TEXTO A
Fue cuando me empezó a hablar de Robinson Crusoe, me dijo que a ella los juguetes comprados la aburrían, que prefería jugar de otra manera. «¿De qué manera?» «Inventando; cuando todo se pone en contra de uno, lo mejor es inventar, como hizo Robinson.» Yo no había leído todavía el libro, me había parecido un poco aburrido las veces que lo empecé, a lo de la isla no había llegado, ella, en cambio, se lo sabía de memoria, nos pusimos a dar vueltas a la Plaza Mayor, me estuvo contando con muchos detalles cómo se las había arreglado Robinson para sacar partido de su mala suerte, todo lo que había inventado para resistir. «Sí, es muy bonito —dije yo—, pero nosotras ¿qué?, nosotras no tenemos una isla donde inventar cosas.» Y entonces dijo ella: «Pero podemos inventar la isla entre las dos, si quieres». Me pareció una idea luminosa y así fundamos Bergai; esa misma noche, cuando nos separamos, ya le habíamos puesto el nombre, aunque quedaban muchos detalles. Pero se había hecho tardísimo, ella nunca tenía prisa porque no la podía reñir nadie, yo en cambio tenía miedo de que me riñeran. «Si te riñen, te vas a Bergai —dijo ella—, ya existe. Es para eso, para refugiarse.» Y luego dijo también que existiría siempre, hasta después de que nos muriéramos, y que nadie nos podía quitar nunca aquel refugio porque era secreto. Fue la primera vez en mi vida que una riña de mis padres no me afectó, estábamos cenando y yo seguía imperturbable, les miraba como desde otro sitio, ¿entiende?
—Claro, desde la isla. Aprendió usted a aislarse.
—Eso mismo. Al día siguiente, inauguramos las anotaciones de Bergai, cada una en nuestro diario, con dibujos y planos; esos cuadernos los teníamos muy escondidos, sólo nos los enseñábamos una a otra. Y la isla de Bergai se fue perfilando como una tierra marginal, existía mucho más que las cosas que veíamos de verdad, tenía la fuerza y la consistencia de los sueños. Ya no volví a disgustarme por los juguetes que se me rompían y siempre que me negaban algún permiso o me reprendían por algo, me iba a Bergai, incluso soportaba sin molestia el olor a vinagre que iba tomando el cuarto de atrás, todo podía convertirse en otra cosa, dependía de la imaginación. Mi amiga me lo había enseñado, me había descubierto el placer de la evasión solitaria, esa capacidad de invención que nos hace sentirnos a salvo de la muerte.
Carmen Martín Gaite, El cuarto de atrás
Responda a las siguientes cuestiones si ha elegido el texto A.