Reflexión lingüística: ejercicios de selectividad de Lengua Castellana y Literatura II (Andalucía) · PAU Mentor
Reflexión lingüística: ejercicios de selectividad de Lengua Castellana y Literatura II (Andalucía)
12 ejercicios oficiales de Reflexión lingüística de los exámenes de Lengua Castellana y Literatura II de la PAU de Andalucía, con el enunciado y un simulacro con corrección.
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 6 puntos
En este bloque se plantean cinco cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas.
Cuestión 4 (4a, 4b y 4c, sobre el texto del bloque 1). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO
Las buenas maneras
Lavarse las manos antes de comer, no poner los codos sobre la mesa, no hablar con la boca llena, son normas de urbanidad que nos enseñaban en la escuela. En aquellos lejanos tiempos del florido pensil en medio de la miseria de posguerra los niños cantábamos la tabla de multiplicar con una cantinela que salía por las ventanas; realizábamos una gimnasia rudimentaria con nuestros cuerpos en su mayoría famélicos, entonábamos gloriosos himnos a la patria y nos obligaban a leer un cuaderno con dibujos titulado: reglas de urbanidad y buenas maneras. Los dibujos de aquel cuaderno representaban a un chico muy guapo, limpio, atlético y bien peinado, con corbata, jersey de pico y pantalones bombachos que cumplía con las normas de la buena educación en distintos episodios de su vida diaria. Era puntual, saludaba con afecto al maestro, nunca hablaba mal de nadie, era amable con los compañeros, prestaba atención a la persona que estaba hablando, era respetuoso y pedía perdón si cometía alguna falta, reconocía el error si se equivocaba. Era el modelo al que había que imitar. Imagino que aquel niño al hacerse mayor se ha convertido en esa persona corriente, con o sin una ideología determinada, que hoy llena los estadios, acude a las manifestaciones, se atasca en la autopista cada mañana al ir al trabajo o tal vez con suerte aquel niño ha llegado a ser directivo de empresa, líder de opinión o diputado. El albañal político en el que andamos chapoteando o el nivel de basura social que nos ahoga se debe en gran parte a que aquel chico ha olvidado las reglas de urbanidad y buenas maneras que aprendió en la escuela. ¿Cómo es posible que aquel niño sea el mismo que ese diputado que insulta con un lenguaje muy sucio al adversario político en el Congreso o ese verraco anónimo que esparce odio en las redes o ese fanático que rebuzna cuando opina? Me gustaría saber dónde ha quedado aquel niño. Solo con la mitad de sus buenas maneras, este país tendría resueltos más de la mitad de sus problemas.
Manuel Vicent, El País (18/05/2025)
[En el examen, «posguerra» y «rudimentaria» aparecen en negrita en el texto, y «urbanidad» y «famélicos», subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 6 puntos
En este bloque se plantean cinco cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas.
Cuestión 4 (4a, 4b y 4c, sobre el texto del bloque 1). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO
La autoridad del profesor
El Consejo de Gobierno de la Junta acaba de aprobar un cambio normativo que confiere presunción de veracidad a la palabra de los profesores no universitarios en Andalucía. De esta manera, cualquier tipo de agresión o intimidación que sufran los docentes podrá ser trasladada ante la Fiscalía para que se investigue como delito de atentado a la autoridad. La medida entrará en vigor en menos de tres semanas, tras su publicación en el BOJA, y supone la culminación de un año de trámites para atender esta permanente reivindicación. Este decreto desarrolla la Ley de Reconocimiento de la Autoridad del Profesorado y consolida su estatus, garantiza la asistencia jurídica y psicológica gratuitas y les proporciona una unidad de apoyo. El deber legal de respetar la autoridad de los profesores no solo afecta al alumnado sino también a sus padres o sus tutores. El aumento de la conflictividad en las aulas es un fenómeno que se observa desde hace años. En noviembre pasado, el sindicato ANPE cifró en 191 las atenciones que por este motivo prestó en el curso 2024-2025. Este informe del Defensor del Profesor asegura que a un 80% de los docentes atendidos se les diagnosticó depresión. Otra encuesta del CSIF señalaba que una cuarta parte de los enseñantes había sufrido insultos o amenazas en las clases y un 40% había padecido faltas de respeto de las familias de los estudiantes. Como ha sucedido también con la figura de los médicos y los sanitarios, son demasiados los casos en que servidores públicos se presentan como las víctimas propicias para una parte de la sociedad, que canaliza contra ellos sus frustraciones o entienden que sus derechos prevalecen ante cualquier otra consideración. El refuerzo legal de la autoridad de los profesores era necesario. Pero una ley no soluciona el problema de fondo. La figura del maestro es clave para el futuro de la sociedad. El respeto y la consideración ante el ejercicio de una labor esencial deben anclarse como ejes naturales de la convivencia en las aulas.
Editorial, Diario de Sevilla (20/12/2025)
[En el examen, «conflictividad» y «enseñantes» aparecen en negrita en el texto, y «presunción de veracidad» y «víctimas propicias», subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas.
Cuestión 4 (4a y 4b, sobre el texto del bloque 1). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO
Tener trabajo y ser pobre
Dieciséis años de crisis encadenadas han dibujado un nuevo rostro de la pobreza en España. Tener un trabajo en un país con un razonable crecimiento económico y que crea empleo ya no significa escapar de la precariedad. En 2022, casi una de cada tres personas (el 29 %) en riesgo de pobreza tenía trabajo, pero de tan baja calidad que resultaba insuficiente para salir de la escasez, según un informe publicado la semana pasada por Oxfam Intermón. Otro estudio difundido en junio por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social precisa que los empleados son el grupo más numeroso entre la población pobre, por encima de parados, jubilados y otros inactivos. Según este mismo análisis, el año pasado casi 2,5 millones de ciudadanos eran pobres pese a tener un empleo.
España padece un problema estructural de pobreza que no es más grave gracias al crecimiento económico de los últimos años y a las medidas de protección social desarrolladas durante la pandemia. Pero ese mismo carácter sistémico implica que la reducción de la desigualdad no puede resolverse solo con medidas de generación de empleo si estas no van acompañadas de otras —de carácter fiscal, por ejemplo— destinadas a la redistribución de la riqueza. Desde la crisis de 2008, la tasa de empleo entre la población que sufre necesidad aguda nunca ha bajado del 25 %.
Los datos confirman además una doble desigualdad territorial: entre el norte y el sur de España y entre las zonas rurales y urbanas, lo que de nuevo alerta sobre el fiasco de los mecanismos de redistribución territorial y la disparidad del modelo productivo. Andalucía y Extremadura encabezan la tabla de la pobreza laboral, que cierran el País Vasco y Navarra.
Con todo, el factor determinante del empobrecimiento es el país de nacimiento: mientras quienes nacieron en España registran una tasa del 9,8 %, entre los extranjeros no comunitarios llega al 29,5 %. Una vez más, los datos desmienten los bulos xenófobos. Miles de inmigrantes, especialmente los no nacidos en la UE, ocupan empleos en sectores esenciales, pero peor remunerados y con peores condiciones laborales.
Como en toda situación estructural, muchos elementos influyen en este problema, pero uno de los más destacados es hoy la carestía de la vivienda, convertida en uno de los grandes causantes de precariedad y desigualdad. Los hogares con pobreza laboral viven con mayor frecuencia de alquiler, cuyos precios se han disparado desde la década pasada, muy por encima de los salarios. A eso hay que sumar que se trata de sueldos golpeados además por una inflación que se ceba siempre con las familias más vulnerables. El progreso ya no es una línea ascendente. Revertir esa caída hace imperioso que los poderes públicos tomen medidas para que la pobreza, incluso con un trabajo, no siga convirtiéndose en España en algo crónico.
Editorial, El País (21/10/2024)
[En el examen, «desigualdad» y «disparidad» aparecen en negrita en el texto, y «carestía» y «vulnerables», subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas.
Cuestión 4 (4a y 4b, sobre el texto del bloque 1). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
Literatura artificial
Hubo un tiempo en el que, al participar en algún encuentro con lectores, siempre había quien preguntaba: «¿Qué piensas del libro digital?». Hace una década, parecía que los ebooks iban a comerse el mercado. Su advenimiento se veía como un signo de los nuevos tiempos y más de un profeta digital aventuraba que un día desaparecería el libro en papel. Pues bien, en los últimos años las cifras de venta se han consolidado sin demasiadas variaciones: según datos del Observatorio de la Lectura y el Libro, en España entre un 10 % y un 15 % de la edición es digital.
La edición en papel sigue viva y ahora ya nadie me pide la opinión sobre el ebook. Ahora la pregunta que se repite es: «¿Qué piensas de la inteligencia artificial (IA)?». Detrás está la sospecha, quizás el temor, de que la IA pueda escribir ficción y además hacernos creer que es de origen humano. La verdad es que, como casi todo el mundo, yo no tengo una respuesta definida y me refugio en el divulgador científico Yuval Noah Harari, quien dice que todavía no conocemos los límites de la IA y no sería extraño que un día perdiéramos el control. Quizás por gremialismo, sin embargo, ensayo una respuesta que quiere ser convincente y digo que la IA nunca podrá escribir ficción de calidad literaria como una mente humana.
Cuando una persona quiere escribir ficción, lo que le sale proviene sobre todo de dos sitios: la tradición literaria (lo que ha leído hasta entonces) y la voluntad de ser original, es decir, lo que se le ha ocurrido a partir de la experiencia propia. Dicho de otro modo: hay un talento individual para fabular, y lo acompaña de un poso de siglos que debe actualizar. Las probaturas hechas con ChatGPT hacen pensar que tiene la potencia para asimilar toda la tradición literaria y el estilo que le propongas (incluso más que la mente humana), pero al mismo tiempo le falta el impulso instintivo, el gusto por la sorpresa, la improvisación que nace de la nada, inesperadamente, como una urgencia vital, o como una frase que cura un malestar, o como un mundo alternativo en el que se vive mejor. Puede que la IA ya sepa todo esto, pero por ahora solo puede imitarlo sin alma.
Jordi Puntí, Diario Córdoba (19/12/2024)
[En el examen, «divulgador» y «malestar» aparecen en negrita en el texto, y «advenimiento» y «gremialismo», subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas y puede escoger dicha opción independientemente del texto que se haya elegido en el bloque 1.
Cuestión 4 (4a y 4b). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO A
La dieta mediterránea no existe
Dicen algunos que la dieta mediterránea está en peligro, pero en realidad nunca existió. Es un mito reciente creado por médicos norteamericanos para señalar una pauta nutricional rica y saludable basada en mucha verdura, legumbres y fruta. Es verdad que la dieta española se parecía bastante, pero en los últimos años el guiso de patatas con carne ha trasmutado en carne con patatas y el cocido lleva más sacramentos que garbanzos.
No podemos echarle la culpa al cocinero porque prácticamente ya no existe, hemos caído en la trampa de la industria alimentaria y en nuestro menú cada día hay más platos preparados y ultraprocesados, menos cazuelas y cucharas. Muchas veces ni eso, abonados a comer en restaurantes donde reinan los productos industriales de quinta gama y las cocinas se limitan a plancha, microondas y freidora. ¿En qué momento se nos olvidó comer bien?
Conozco la justificación. No tenemos tiempo para ir a la compra, cocinar, preparar la mesa. Pero eso sí, nos sobra tiempo para hacer maratones de series durante horas, aderezados con comida basura a domicilio. Las consecuencias de este cambio son terribles. Junto con Grecia e Italia, España tiene los mayores índices de obesidad de Europa, frente a cifras mucho más bajas en los países del norte. ¡Toma dieta mediterránea!
Siempre recordaré los platos de mi abuela y algunos, no muchos, de mi madre. ¿Qué sabores recordarán nuestros hijos? Las pizzas y hamburguesas pedidas por internet. Deberíamos tomarnos más en serio la comida, ya sea mediterránea o atlántica, porque detrás de ella hay salud para todos. Y si optamos por productos locales y de cercanía no procesados también lograremos mucha salud para el mundo rural, que falta le hace. Y mucho futuro.
César-Javier Palacios, 20minutos (31/10/2023)
TEXTO B
Luis Cernuda, Las Nubes
Un español habla de su tierra
Las playas, parameras
Al rubio sol durmiendo,
Los oteros, las vegas
En paz, a solas, lejos;
Los castillos, ermitas,
Cortijos y conventos,
La vida con la historia,
Tan dulces al recuerdo,
Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
De todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.
Una mano divina
Tu tierra alzó en mi cuerpo
Y allí la voz dispuso
Que hablase tu silencio.
Contigo solo estaba,
En ti sola creyendo;
Pensar tu nombre ahora
Envenena mis sueños.
Amargos son los días
De la vida, viviendo
Sólo una larga espera
A fuerza de recuerdos.
Un día, tú ya libre
De la mentira de ellos,
Me buscarás. Entonces
¿Qué ha de decir un muerto?
[En el examen, en el texto A «nutricional» y «microondas» aparecen en negrita; en el texto B «oteros» y «Caínes sempiternos» aparecen subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas y puede escoger dicha opción independientemente del texto que se haya elegido en el bloque 1.
Cuestión 4 (4a y 4b). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO A
BERNARDA.— (A MAGDALENA, que inicia el llanto.) Chisss (Golpea con el bastón. Salen todas. A las que se han ido.) ¡Andar a vuestras cuevas a criticar todo lo que habéis visto! ¡Ojalá tardéis muchos años en pasar el arco de mi puerta!
PONCIA.— No tendrás queja ninguna. Ha venido todo el pueblo.
BERNARDA.— Sí, para llenar mi casa con el sudor de sus refajos y el veneno de sus lenguas.
AMELIA— ¡Madre, no hable usted así!
BERNARDA.— Es así como se tiene que hablar en este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el agua con el miedo de que esté envenenada.
PONCIA.— ¡Cómo han puesto la solería!
BERNARDA.— Igual que si hubiese pasado por ella una manada de cabras. (PONCIA limpia el suelo.) Niña, dame un abanico.
ADELA.— Tome usted (Le da un abanico redondo con flores rojas y verdes.)
BERNARDA.— (Arrojando el abanico al suelo) ¿Es éste el abanico que se da a una viuda? Dame uno negro y aprende a respetar el luto de tu padre.
MARTIRIO.— Tome usted el mío.
BERNARDA.— ¿Y tú?
MARTIRIO.— Yo no tengo calor.
BERNARDA.— Pues busca otro, que te hará falta. ¡En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle! Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordaros el ajuar. En el arca tengo veinte piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede bordarlas.
MAGDALENA.— Lo mismo me da.
ADELA (Agria).— Si no quieres bordarlas irán sin bordados. Así las tuyas lucirán más.
MAGDALENA.— Ni las mías ni las vuestras. Sé que ya no me voy a casar. Prefiero llevar sacos al molino. Todo menos estar sentada días y días dentro de esta sala oscura.
BERNARDA.— Eso tiene ser mujer.
MAGDALENA.— Malditas sean las mujeres.
BERNARDA.— Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre. Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles.
Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba
TEXTO B
El secreto
Están los hospitales llenos, pero la vida, en las calles, discurre tranquila. El carnicero perdió a su madre el lunes, pero el jueves volvía a despachar, como si no hubiera sucedido nada. Mi vecino se divorció el año pasado, perdió la custodia del niño y sufrió mucho, pero se ha repuesto del golpe y espera un hijo de otra novia. El tanatorio que queda cerca de mi barrio tiene estos días una ocupación del 100%, pero sales de allí y las aceras están llenas de gente con bolsas de la compra y de jóvenes que se besan al tiempo que caminan. Los polos se derriten; los palestinos son fumigados como moscas (o como palestinos, me temo: se deja uno arrastrar por las palabras); uno de cada tres niños, en España, está en riesgo de pobreza, etc., pero lo llevamos con naturalidad, sin aspavientos, con la soltura con la que un gran país como Rusia invade una pequeña nación como Ucrania. Hay, pese al frío, gente durmiendo en las calles o rebuscando huesos de pollo en los contenedores, en los de restos orgánicos, se entiende, no en los de vidrio, pues nos preocupa el orden, de ahí que seamos capaces de salir de un sueño atroz y disfrutar, tras pasar por la ducha, de un desayuno rico en cereales.
Un amigo me explicó que los seres humanos poseemos el secreto de la vida, que no es otro que el de la normalidad. Cada época, desde el principio de los tiempos, ha tenido sus proveedores de normalidad en función de los excesos que fuera preciso normalizar. Las normalizadoras más eficaces del momento son las pantallas en general, que normalizan 24 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año, como los altos hornos. Cuando enciendes la tele o escribes un tuit, se normaliza el caos, se normaliza la desigualdad o las salvajadas que sea preciso normalizar en ese instante. Todo en orden.
Juan José Millás, El País (05/01/2024)
[En el examen, en el texto A «envenenada» y «embozos» aparecen en negrita; en el texto B «fumigados» y «sin aspavientos» aparecen subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas y puede escoger dicha opción independientemente del texto que se haya elegido en el bloque 1.
Cuestión 4 (4a y 4b). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO A
LA PONCIA.—No seas como los niños chicos. ¡Deja en paz a tu hermana, y si Pepe el Romano te gusta, te aguantas! (ADELA llora). Además, ¿quién dice que no te puedes casar con él? Tu hermana Angustias es una enferma. Ésa no resiste el primer parto. Es estrecha de cintura, vieja, y con mi conocimiento te digo que se morirá. Entonces Pepe hará lo que hacen todos los viudos de esta tierra: se casará con la más joven, la más hermosa, y ésa serás tú. Alimenta esa esperanza, olvídalo, lo que quieras, pero no vayas contra la ley de Dios.
ADELA.—Métete en tus cosas, ¡oledora!, ¡pérfida!
LA PONCIA.—Sombra tuya he de ser.
ADELA.—En vez de limpiar la casa y acostarte para rezar a tus muertos, buscas como una vieja marrana asuntos de hombres y mujeres para babosear en ellos.
LA PONCIA.—¡Velo! Para que las gentes no escupan al pasar por esta puerta.
ADELA.—Es inútil tu consejo. Ya es tarde. No por encima de ti, que eres una criada; por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca. ¿Qué puedes decir de mí? ¿Que me encierro en mi cuarto y no abro la puerta? ¿Que no duermo? Soy más lista que tú. Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manos.
LA PONCIA.—No me desafíes, Adela, no me desafíes. Porque yo puedo dar voces, encender luces y hacer que toquen las campanas.
ADELA.—Trae cuatro mil bengalas amarillas y ponlas en las bardas del corral. Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder.
Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba
TEXTO B
Tropieza la digitalización
Nada escapa ya a la revolución digital y, por fortuna, tampoco a su implantación en las administraciones públicas: ha permitido simplificar muchos procedimientos que resultaban engorrosos y aumentar así la productividad de los servicios. Es una gran ventaja que los trámites burocráticos puedan hacerse de forma telemática, con rapidez y seguridad. Está plenamente justificada, pues, la aplicación de medidas para acelerar un proceso que, por su naturaleza disruptiva, genera resistencias y dificultades. A esa finalidad obedece la extensión de la Administración digital, que obliga a hacer la mayoría de los trámites de forma telemática.
El problema empieza cuando la digitalización administrativa se aplica sin un acompañamiento adecuado que permita a los ciudadanos navegar sin dificultad por la maraña de plataformas, formularios y programas habilitados para realizar las gestiones. Esa falta de acompañamiento se ha convertido en un nuevo factor de exclusión social. La tendencia a la digitalización es imparable, pero forma parte de las obligaciones de los poderes públicos facilitar la transición, especialmente cuando la brecha digital acaba traduciéndose en una pérdida de derechos.
En los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo para reducir la brecha que existía en el acceso a la tecnología, con programas públicos como la entrega de ordenadores durante la pandemia a los escolares que carecían de ellos. El esfuerzo ha dado buenos resultados. En estos momentos, más del 90% de los españoles disponen de conexión a internet. Pero para participar plenamente de las ventajas de la sociedad digital no es suficiente con tener ordenador y acceso a internet. Conforme se cierra la brecha del acceso a la tecnología emerge una segunda brecha más difícil de superar: la de la capacitación digital.
Por razones obvias, la falta de habilidades digitales afecta en mayor medida a las personas mayores, pero no son el único colectivo que sufre exclusión social por esta razón. También afecta a las personas de renta baja y menor nivel educativo. Un estudio de Prodigioso Volcán, una empresa de asesoría y servicios empresariales, indica que el 83% de los ciudadanos dejan algún trámite sin completar ante la imposibilidad de entenderlo; el 49% declara que su principal dificultad es no poder contactar con alguien para resolver dudas y casi un 40% acaba recurriendo a algún familiar o amigo para recibir una ayuda que debería proporcionar la propia Administración. Otro estudio de la Fundación Ferrer Guardia indica que el 88% de las personas en situación de vulnerabilidad no han hecho nunca por sí solos trámites como pedir una cita, solicitar un certificado o hacer una transferencia bancaria.
La exigencia de cita para poder recibir una atención presencial que cada vez es más reducida resulta una barrera a menudo insalvable. Aparte del malestar y el descontento que esta situación genera en los ciudadanos, lo más grave desde el punto de vista social es que la brecha digital contribuye a que una parte importante de las ayudas sociales no estén llegando a quienes más las necesitan porque o bien no se enteran de que existen o no saben cómo tramitarlas. Ha sucedido, por ejemplo, con las prestaciones del ingreso mínimo vital, el bono social eléctrico o los programas de rehabilitación energética. Las administraciones tienen que hacer un mayor esfuerzo para simplificar los procesos y facilitar mecanismos de ayuda que permitan a los ciudadanos culminar con éxito gestiones que muchos empiezan y la mayoría no acaba.
Editorial, El País (28/01/2023)
[En el examen, en el texto A las dos palabras «que» de los fragmentos de 4b aparecen en negrita; en el texto B «brecha digital» y «situación de vulnerabilidad» aparecen subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas y puede escoger dicha opción independientemente del texto que se haya elegido en el bloque 1.
Cuestión 4 (4a y 4b). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO A
Terror en el hipermercado
Últimamente, cada vez que entro en un comercio para hacer la compra básica no puedo evitar tararear «terror en el hipermercado/horror en el ultramarinos/mi chica ha desaparecido/y nadie sabe cómo ha sido». Esta canción de Alaska y los Pegamoides, que triunfó en plena movida madrileña, solo necesita una ligera adaptación para sintetizar esta vivencia diaria. Bastaría cambiar «mi chica ha desaparecido» por «mi dinero ha desaparecido y nadie sabe cómo ha sido».
Tras una pandemia mundial, con su consiguiente crisis económica, llegó la guerra de Rusia contra Ucrania, con sus repercusiones por las sanciones y la crisis energética, y todo generó un cóctel efervescente que ha disparado la inflación a niveles que varias generaciones no han conocido. Normalmente los conceptos macroeconómicos no son fáciles de traducir para la mayoría de los ciudadanos, pero el IPC es uno de los más simples de entender porque se sufre cada día cuando compramos el pan o la leche, al tomarse una caña o al contratar ese viaje con el que soñábamos desde hace tiempo.
Paralelamente hay una pérdida de poder adquisitivo importante en una parte de la población, algunos llevan años sin ver actualizada su nómina, una situación que hace que la pensión media se acerque al salario medio, además de agrandar las diferencias económicas entre grupos sociales.
La situación es muy compleja y no hay recetas mágicas, incluso ya no vale la de apretarse el cinturón que tan bien conocían nuestras abuelas, porque el mayor impacto se da en la cesta de la compra. Tanto que ya se alerta de un cambio en la dieta de muchas familias, que han suprimido de la lista el consumo de carnes o pescados, pero también frutas y verduras.
En estos meses se han ido aplicando medidas como la rebaja del IVA del gas y la luz, y la bonificación de los combustibles, que han parcheado temporalmente el desastre que se anunciaba. Ahora habrá que ver la efectividad de las medidas anunciadas por el Gobierno, sobre todo las enfocadas a rebajar el precio de los productos de alimentación, que son los que más se han encarecido. Y quizás en enero, cuando vuelva al supermercado, pueda tararear 'Color Esperanza', de Diego Torres. «Sé que lo imposible se puede lograr/que la tristeza algún día se irá/ y así será/la vida cambia y cambiará». Que no nos falte nunca la esperanza.
Maite Rodríguez Iglesias, El Día de Valladolid (01/01/2023)
TEXTO B
¿Por qué acomodarse, si todo está determinado, si es fatal, si no puede ser de otra manera?, se preguntaba. ¿No era científicamente un poco absurdo el furor que le entraba muchas veces al ver las injusticias del pueblo? Por otro lado: ¿no estaba también determinado, no era fatal el que su cerebro tuviera una irritación que le hiciera protestar contra aquel estado de cosas violentamente?
Andrés discutía muchas veces con su patrona. Ella no podía comprender que Hurtado afirmase que era mayor delito robar a la comunidad, al Ayuntamiento, al Estado, que robar a un particular. Ella decía que no; que defraudar a la comunidad no podía ser tanto como robar a una persona. En Alcolea casi todos los ricos defraudaban a la Hacienda, y no se les tenía por ladrones.
Andrés trataba de convencerla, de que el daño hecho con el robo a la comunidad era más grande que el producido contra el bolsillo de un particular; pero la Dorotea no se convencía.
—¡Qué hermosa sería una revolución —decía Andrés a su patrona—, no una revolución de oradores y de miserables charlatanes, sino una revolución de verdad! Mochuelos y Ratones, colgados de los faroles, ya que aquí no hay árboles, y luego lo almacenado por la moral católica, sacarlo de sus rincones y echarlo a la calle: los hombres, las mujeres, el dinero, el vino; todo a la calle.
Dorotea se reía de estas ideas de su huésped, que le parecían absurdas.
Como buen epicúreo, Andrés no tenía tendencia alguna por el apostolado.
Los del Centro republicano le habían dicho que diera conferencias acerca de higiene; pero él estaba convencido de que todo aquello era inútil, completamente estéril.
¿Para qué? Sabía que ninguna de estas cosas había de tener eficacia, y prefería no ocuparse de ellas.
Cuando le hablaban de política, Andrés decía a los jóvenes republicanos:
—No hagan ustedes un partido de protesta. ¿Para qué? Lo menos malo que puede ser es una colección de retóricos y de charlatanes; lo más malo es que sea otra banda de Mochuelos o de Ratones.
—¡Pero, don Andrés! Algo hay que hacer.
—¡Qué van ustedes a hacer! ¡Es imposible! Lo único que pueden ustedes hacer es marcharse de aquí.
Pío Baroja, El árbol de la ciencia
[En el examen, en el texto A «pérdida de poder adquisitivo» y «apretarse el cinturón» aparecen subrayadas; en el texto B «irritación» y «bolsillo» aparecen en negrita.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas y puede escoger dicha opción independientemente del texto que se haya elegido en el bloque 1.
Cuestión 4 (4a y 4b). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO A
Añoradas cabinas de teléfono
En esta era tan trepidante de las nuevas tecnologías, los objetos –nosotros– se van haciendo obsoletos de la misma forma y tiempo real en la que se consume una granizada en una tarde sofocante de estío, observando desde la bahía de Málaga cómo se nos derrite la ilusión por el humano encuentro. Una acometida continua por avanzar hacia un futuro –ya presente– donde el intelecto artificial avanza de manera desorbitada por una red de microcircuitos a través de macrocorporaciones con la intención de desplazar, en el nombre del discernimiento y el progreso, a la inteligencia connatural y emocional.
Sin ánimo de ir contra los avances científicos tan convenientes, ni adoptar en este sobrevenir de mi existencia una oportunidad de participación en la comunidad Amish, lo cierto es que estos avances deberían ir, sin ninguna duda avezada, dirigidos al bienestar de todos los que habitan este orbe tan prodigioso como desigual e injusto. Esos individuos que éramos capaces de quedar en un lugar sin conexiones previas; sujetos que concertábamos la reunión sin necesidad de aviso; seres ajenos a la nostalgia por el próximo reencuentro. Cuando todas las fórmulas fallaban, íbamos a una cabina de teléfono y, con las monedas reunidas en cooperación asociativa, realizábamos la llamada para preguntar por la tardanza o ausencia del aliado. Aquellos teléfonos públicos y cómplices donde en sus cabinas como soportales dejamos las mejores intenciones de amor y las más tristes palabras de desengaño. Aquellos teléfonos públicos que se hicieron más privados –confesionarios del devenir– en una etapa existencial cuando todo nos parecía inteligentemente natural. La memoria no siempre fue digital. Ellas, las cabinas, igual que la Inteligencia Artificial (IA), nos aplicaron reconocimiento de voz y fueron un motor de recomendación para nuestras propias conciencias. Larga vida a las añoradas cabinas.
Ignacio Hernández, La Opinión de Málaga (19/01/2022)
TEXTO B
En la mañana del tercer día, Lulú murió. Andrés salió de la alcoba extenuado. Estaban en la casa de doña Leonarda y Niní con su marido. Ella parecía ya una jamona; él, un chulo viejo lleno de alhajas. Andrés entró en el cuartucho donde dormía, se puso una inyección de morfina, y quedó sumido en un sueño profundo.
Se despertó a media noche y saltó de la cama. Se acercó al cadáver de Lulú, estuvo contemplando a la muerta largo rato y la besó en la frente varias veces.
Había quedado blanca, como si fuera de mármol, con un aspecto de serenidad y de indiferencia que a Andrés le sorprendió.
Estaba absorto en su contemplación cuando oyó que en el gabinete hablaban. Reconoció la voz de Iturrioz y la del médico; había otra voz, pero para él era desconocida.
Hablaban los tres confidencialmente.
–Para mí –decía la voz desconocida– esos reconocimientos continuos que se hacen en los partos son perjudiciales. Yo no conozco este caso; pero, ¿quién sabe?, quizá esta mujer, en el campo, sin asistencia ninguna, se hubiera salvado. La naturaleza tiene recursos que nosotros no conocemos.
–Yo no digo que no –contestó el médico que había asistido a Lulú–; es muy posible.
–¡Es lástima! –exclamó Iturrioz–. ¡Este muchacho ahora, marchaba tan bien!
Andrés, al oír lo que decían, sintió que se le traspasaba el alma. Rápidamente volvió a su cuarto y se encerró en él.
Pío Baroja, El árbol de la ciencia
[En el examen, en el texto A «reconocimiento» y «tardanza» aparecen subrayadas; en el texto B «alhajas» y «gabinete» aparecen subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas y puede escoger dicha opción independientemente del texto que se haya elegido en el bloque 1.
Cuestión 4 (4a y 4b). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO A
Fue cuando me empezó a hablar de Robinson Crusoe, me dijo que a ella los juguetes comprados la aburrían, que prefería jugar de otra manera. «¿De qué manera?» «Inventando; cuando todo se pone en contra de uno, lo mejor es inventar, como hizo Robinson.» Yo no había leído todavía el libro, me había parecido un poco aburrido las veces que lo empecé, a lo de la isla no había llegado, ella, en cambio, se lo sabía de memoria, nos pusimos a dar vueltas a la Plaza Mayor, me estuvo contando con muchos detalles cómo se las había arreglado Robinson para sacar partido de su mala suerte, todo lo que había inventado para resistir. «Sí, es muy bonito —dije yo—, pero nosotras ¿qué?, nosotras no tenemos una isla donde inventar cosas.» Y entonces dijo ella: «Pero podemos inventar la isla entre las dos, si quieres». Me pareció una idea luminosa y así fundamos Bergai; esa misma noche, cuando nos separamos, ya le habíamos puesto el nombre, aunque quedaban muchos detalles. Pero se había hecho tardísimo, ella nunca tenía prisa porque no la podía reñir nadie, yo en cambio tenía miedo de que me riñeran. «Si te riñen, te vas a Bergai —dijo ella—, ya existe. Es para eso, para refugiarse.» Y luego dijo también que existiría siempre, hasta después de que nos muriéramos, y que nadie nos podía quitar nunca aquel refugio porque era secreto. Fue la primera vez en mi vida que una riña de mis padres no me afectó, estábamos cenando y yo seguía imperturbable, les miraba como desde otro sitio, ¿entiende?
—Claro, desde la isla. Aprendió usted a aislarse.
—Eso mismo. Al día siguiente, inauguramos las anotaciones de Bergai, cada una en nuestro diario, con dibujos y planos; esos cuadernos los teníamos muy escondidos, sólo nos los enseñábamos una a otra. Y la isla de Bergai se fue perfilando como una tierra marginal, existía mucho más que las cosas que veíamos de verdad, tenía la fuerza y la consistencia de los sueños. Ya no volví a disgustarme por los juguetes que se me rompían y siempre que me negaban algún permiso o me reprendían por algo, me iba a Bergai, incluso soportaba sin molestia el olor a vinagre que iba tomando el cuarto de atrás, todo podía convertirse en otra cosa, dependía de la imaginación. Mi amiga me lo había enseñado, me había descubierto el placer de la evasión solitaria, esa capacidad de invención que nos hace sentirnos a salvo de la muerte.
Carmen Martín Gaite, El cuarto de atrás
TEXTO B
Mal, pero no tan mal
Conozco a hombres y mujeres mayores de 75 años que duermen con mascarilla FFP2 y no salen de casa, ni dejan que nadie entre en ella. Conozco a personas mayores que dejan pasar a todos los miembros de la familia porque […] si renunciamos a la vida es que ya estamos muertos. Conozco a personas adictas a los antígenos. Se hacen test mañana y noche, y obligan a testarse a suegros, primos y cuñados para sentarse en la misma mesa. Por si acaso. Conozco a personas que se han dejado una pasta en PCRs. Conozco a personas adultas que no dan besos ni abrazos a nadie desde hace dos años. Conozco a gentes tan ingenuas que quieren investigar a fondo para averiguar cómo y dónde se han contagiado. Conozco a positivos que no tenían vida social y a negativos que no paran en casa. Conozco a hombres y mujeres que ponen cara de seria preocupación cuando se enteran de que un conocido ha dado positivo. He visto gestos y miradas de sospecha, porque si has pillado el virus igual es que has hecho algo que no debías. A ver si procuramos no incurrir en conductas de riesgo, vienen a insinuar esas miradas. Conozco a otras personas que hacen todo lo contrario. Exhiben su test positivo en las redes como si fuera un trofeo. ¡Ya está aquí! Y, una semana más tarde, ponen el negativo para celebrar su limpieza.
Conozco a personas que no se han contagiado y piensan que tienen algún tipo de inmunidad mágica o de don especial, y que por eso el virus resbala en sus cuerpos sin entrar en ellos. He escuchado a las autoridades sanitarias decir que hay que vacunarse de la tercera dosis al mes de haberse contagiado. Y acto seguido he escuchado a virólogos sostener que esa norma es completamente inútil. Conozco a personas que tienen pánico, a covidianos y anticovidianos, a espectadores que ya no ven las noticias, a otros que se encogen cuando ven las cifras de muertos por covid –vuelven a contarse por centenares– y a los que se inmutan algo, pero poco.
Así entre estoicos, resignados, incrédulos y escépticos, vamos cruzando el desfiladero de la sexta ola, esa en la que el virus decidió que tendríamos que cuidarnos y a nosotros mismos porque no habría sistema sanitario que pudiera hacerse cargo de millones de contagios. Estamos mal, sí, pero no tan mal. Podríamos estar mucho peor de la cabeza.
Lucía Méndez, El Mundo (22/01/2022)
[En el examen, en el texto A «consistencia» e «imperturbable» aparecen subrayadas; en el texto B «se encogen» y «estoicos» aparecen subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas y puede escoger dicha opción independientemente del texto que se haya elegido en el bloque 1.
Cuestión 4 (4a y 4b). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO A
El lobo
Paula contaba historias de lobos a los niños que tenía a su cargo. Aunque estaban en un piso de ciudad, con sus palabras entraba por la puerta el viento de la antigua España rural, mucho antes de que la Guardia Civil y el ferrocarril la domesticasen. Eran narraciones entre cómicas y macabras, como la de aquel hombre que salió de su pueblo a caballo y, cuando encontraron su osamenta rebañada por los lobos, aún conservaba los botos intactos. Un varón completamente desnudo y calzado suele tener algo de ridículo; una canina, mucho más. Las historias de Paula, oriunda del campo extremeño, eran un eco de una inmemorial lucha entre el sapiens y las múltiples alimañas que lo habían devorado a él y a sus rebaños desde los más oscuros orígenes. La Europa que hoy conocemos no sería la misma sin esas inmensas roturaciones medievales que permitieron poblarla densamente mediante un doble desastre ambiental: la deforestación y el exterminio de especies como el lobo. Sin ese proceso no hubiesen existido ni la Abadía de Cluny ni la filosofía de Kant. Quizás habría sido mejor seguir viviendo en el bosque, en pequeñas comunidades atemorizadas, sin antibióticos y rindiendo culto al espíritu del lobo, pero nuestra historia es la que es y no tiene vuelta atrás.
Al urbanita de hoy, que ha olvidado los rigores de la intemperie, le es difícil no amar a ese mamífero cazador y señorial, listo como el hambre, cuyos aullidos nos convocan a lo más profundo. La visión del hombre de campo, sobre todo de aquellos que habitan al norte del Duero, es muy diferente. Ellos están acostumbrados a ver sus hatos diezmados, las carroñas de sus borregos destrozadas a dentelladas. Es loable querer salvar al lupus, aunque más lo es preocuparse por las vidas de los sapiens. Ambas cosas no se podrán combinar con la prohibición de la caza del lobo, cuya intención tiene más que ver con la emotividad animalista que con el conocimiento general del medio rural. No se puede mantener el doble juego de afirmar que hay que repoblar la España vacía y, al mismo tiempo, dificultar actividades como la ganadería. Los pastores han dado ideas que hay que tomar en cuenta: mejorar el sistema de subvenciones por el ganado muerto, fomentar el consumo carroñero del lobo, revalorizar las explotaciones extensivas... Pero estas razones se pierden cuando se somete al lobo a una despiadada cacería en la que no pocas veces florece el neandertal hispano. Nadie que ame el campo ibérico puede desear la desaparición de uno de sus últimos mamíferos salvajes; tampoco puede pretender que cese el sonido de los cencerros. Unos y otros son parte del alma más antigua de España.
Luis Sánchez-Moliní, Diario de Sevilla (25/02/2021)
TEXTO B
La chimenea soñada que, por unos instantes, había surgido en el rincón con sus leños crepitantes, tragándose los folios que no recuerdo haber escrito y propiciando una conversación sobre literatura de misterio con el desconocido que me ha traído al refugio, se desvanece y la habitación vuelve a ser la de siempre con todo su peso de recuerdos y resonancias. Ahora el hombre vuelve a mirar hacia la máquina de escribir.
—¿Trabaja siempre aquí?
—No, cambio mucho de sitio. A veces trasladar los papeles a otra habitación, sobre todo si estoy embarrancada, me anima, me hace el mismo efecto que viajar a otra ciudad, y como yo viajo poco… —¿Por qué? ¿No le gusta viajar?
—Sí me gusta, pero nunca me lo propongo; para viajar necesito un estímulo. Creo que los viajes tienen que salir al encuentro de uno, como los amigos, y como los libros y como todo. Lo que no entiendo es la obligación de viajar, ni de leer, ni de conocer a gente, basta que me digan “te va a encantar conocer a Fulano” o “hay que leer a Joyce” o “no te puedes morir sin conocer el Cañón del Colorado” para que me sienta predispuesta en contra, precisamente porque lo que me gusta es el descubrimiento, sin intermediarios. Ahora la gente viaja por precepto y no trae nada que contar, cuanto más lejos van, menos cosas han visto cuando vuelven. Los viajes han perdido misterio.
—No —dice él—, no lo han perdido. Lo hemos perdido nosotros. El hombre actual profana los misterios de tanto ir a todo con guías y programas, de tanto acortar las distancias, jactanciosamente, sin darse cuenta de que solo la distancia revela el secreto de lo que parecía estar oculto.
La última frase la ha dicho mirándome con una expresión diferente, indescifrable, como si estuviera aludiendo a otra cosa. Y me perturba porque me recuerda a algo que me dijo alguien alguna vez.
Carmen Martín Gaite, El cuarto de atrás
[En el examen, en el texto A «cazador» y «revalorizar» aparecen subrayadas; en el texto B «embarrancada» y «precepto» aparecen subrayadas.]
BLOQUE 2 (Cuestiones) — Puntuación máxima: 5 puntos
En este bloque se plantean cuatro cuestiones con distintas opciones. En cada cuestión, debe contestar SOLAMENTE UNA de las opciones propuestas y puede escoger dicha opción independientemente del texto que se haya elegido en el bloque 1.
Cuestión 4 (4a y 4b). [Responda SOLO UNA de las dos opciones de cada cuestión. Si responde a más de una, aquí solo cuenta la primera en el orden del examen.]
TEXTO A
Ludopatía juvenil
El uso compulsivo de Internet y las ludopatías relacionadas con las apuestas en línea se están convirtiendo en las nuevas adicciones emergentes en España, con la agravante de que afectan cada vez en mayor proporción a jóvenes y adolescentes. La última encuesta del Ministerio de Sanidad sobre alcohol y otras drogas en España (Edades) indica que el 6,7% de la población de 15 a 64 años ha jugado con dinero en apuestas en línea en el último año, casi el doble de lo que registraba (3,5%) la encuesta de 2017/2018. Pero lo preocupante es que este porcentaje sube hasta el 11% entre los 15 y los 24 años. Una parte de los jugadores habituales acaba desarrollando una ludopatía. La encuesta estima que unas 670.000 personas presentan conductas de riesgo. También ha crecido el uso compulsivo de Internet, un problema que afecta al 3,7% de la población de 15 a 64 años —alrededor de 1,1 millones de personas— y ha crecido un 25% respecto a la anterior encuesta (2,9%).
Lo nuevo de este comportamiento es que suma a la pulsión por el juego la atracción de las nuevas tecnologías, que permiten jugar en solitario y buscar una recompensa inmediata, dos factores que favorecen la dependencia. Es un nuevo problema social que hay que atajar antes de que vaya a más. Y no se ha hecho. El aumento de este fenómeno relacionado con las apuestas por Internet tiene que ver con la dejadez en el desarrollo de la ley del juego de 2011, que preveía regular por decreto la publicidad y no se ha hecho hasta nueve años después. Durante este tiempo, coincidiendo con el auge de las apuestas deportivas, ha proliferado un tipo de propaganda muy agresiva y engañosa que no solo promovía el juego en programas de máxima audiencia, sino que incluso ofrecía dinero para hacer las primeras apuestas. En noviembre de 2020 se publicó el real decreto que limita esta publicidad y habrá que esperar a la siguiente encuesta sobre adicciones para observar el efecto que tiene.
La ludopatía relacionada con el juego en línea es ya el segundo motivo de consulta por este comportamiento patológico en los centros de rehabilitación y tratamiento. El primero sigue siendo, con diferencia, la relacionada con las tragaperras, pero los perfiles son muy distintos. El juego presencial provoca dependencia en personas más mayores, mientras que las apuestas en línea crean problemas especialmente en jóvenes. Los especialistas advierten desde hace tiempo de la especial vulnerabilidad de los adolescentes por el menor control de los impulsos y la mayor necesidad de experimentación que tienen a esa edad. Limitar la publicidad no será suficiente. Habrá que complementar esta medida con campañas de prevención que incidan específicamente sobre los jóvenes. Y es una tarea que no admite más demoras.
Editorial, El País (21/12/2020)
TEXTO B
NIÑO TRAS UN CRISTAL
Al caer la tarde, absorto
Tras el cristal, el niño mira
Llover. La luz que se ha encendido
En un farol contrasta
La lluvia blanca con el aire oscuro.
La habitación a solas
Le envuelve tibiamente,
Y el visillo, velando
Sobre el cristal, como una nube,
Le susurra lunar encantamiento.
El colegio se aleja. Es ahora
La tregua, con el libro
De historias y de estampas
Bajo la lámpara, la noche,
El sueño, las horas sin medida.
Vive en el seno de su fuerza tierna,
Todavía sin deseos, sin memoria,
El niño, y sin presagio
Que afuera el tiempo aguarda
Con la vida, al acecho.
En su sombra ya se forma la perla.
Luis Cernuda, Desolación de la quimera
[En el examen, en el texto A «deportivas» y «tragaperras» aparecen subrayadas; en el texto B «absorto» y «tregua» aparecen subrayadas.]