Exercici 2
Reflexió lingüística6 puntsBLOQUE II. Conocimiento de la lengua y Educación literaria (6 puntos) Elija cinco (5) de las diez (10) preguntas que aparecen a continuación y responda a las cuestiones que plantean:
[Responda solo a cinco de las diez preguntas; si responde a más, aquí solo cuentan las cinco primeras en el orden del examen.]
[Texto del bloque I, reproducido aquí para responder a las preguntas de este bloque.]
La estirpe de los equidistantes
Vicente Vallés
El 6 de noviembre de 1936, el gobierno de la Segunda República, presidido por el socialista Francisco Largo Caballero, decidió abandonar Madrid para refugiarse en Valencia. Las tropas de Franco sitiaban la capital, que parecía estar a punto de caer (no ocurrió hasta abril del 39). Aquel día, Manuel Chaves Nogales, periodista, escritor y republicano militante, optó por el exilio. «El poder que el gobierno legítimo (de la República) [5] dejaba abandonado en las trincheras de los arrabales de Madrid –escribió después– lo recogieron los hombres que se quedaron defendiendo heroicamente aquellas trincheras».
Ya exiliado, Chaves Nogales destiló su frustración, su desengaño y su pérdida en «A sangre y fuego; héroes, bestias y mártires de España» (que de todo hubo), un relato que ayudaría a reflexionar a unos cuantos exaltados que hoy ocupan puestos relevantes en nuestra política y que chapotean en el odio, porque para ellos [10] odiar es más fácil que respetar. «Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos», escribió Chaves Nogales, para dejar constancia de que «no me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual», sentenció al explicar que creía «haber contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros».
«Antifascista y antirrevolucionario por temperamento», Chaves Nogales hizo «constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado», y auguró, aún [15] en plena Guerra Civil, que de aquella matanza y, ganara quien ganara, saldría «un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra». Se quedó corto.
Huido a París con su familia, tuvo que escapar de nuevo a Londres cuando las tropas de Hitler invadieron Francia. Y en la capital británica murió en 1944, con solo 46 años de edad. Nunca dejó de defender la [20] democracia, concepto que entendía como incompatible con las posturas más extremistas a derecha e izquierda. Promovía exactamente eso que los corifeos del extremismo no soportan, desprecian y persiguen.
Aun así, Chaves Nogales no perdió la esperanza de que se pudiera llegar «más tarde o más temprano a la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de diversas ideas». Eso es lo que entendió con generosidad la generación de [25] españoles, procedentes de un lado y de otro, que alumbró la Transición que algunos quieren ahora destruir. Quienes, en el ejercicio de su libertad, siguen respaldando aquel pacto democrático son señalados por los nuevos inquisidores como parte de una despreciable estirpe de equidistantes. Porque se desprecia y se persigue al moderado y solo se acepta la adhesión inquebrantable, sea por convencimiento fanático o por miedo. Eso fue lo que obligó a salir de su país a tantos españoles. Entre ellos, a Manuel Chaves Nogales: republicano, [30] antifascista, anticomunista, demócrata y patriota. Equidistante.
La Razón, 25/04/2021
[Textos de Educación literaria del examen, reproducidos aquí para responder a las preguntas 7 a 10.]
Educación literaria
Texto 1
CARMINA.— ¿Y Elvira?
FERNANDO.— ¡La detesto! Quiere cazarme con su dinero. ¡No la puedo ver!
CARMINA.— (Con una risita.) Yo tampoco.
(Ríen, felices.)
FERNANDO.— Ahora tendría que preguntarte yo: ¿Y Urbano?
CARMINA.— Es un buen chico. ¡Yo estoy loca por él! (FERNANDO se enfurruña.) ¡Tonto!
FERNANDO.— (Abrazándola por el talle.) Carmina, desde mañana voy a trabajar de firme por ti. Quiero salir de esta pobreza, de este sucio ambiente. Salir y sacarte a ti. Dejar para siempre los chismorreos, las broncas entre vecinos... Acabar con la angustia del dinero escaso, de los favores que abochornan como una bofetada, de los padres que nos abruman con su torpeza y su cariño servil, irracional...
CARMINA.— (Reprensiva.) ¡Fernando!
FERNANDO.— Sí. Acabar con todo esto. ¡Ayúdame tú! Escucha: voy a estudiar mucho, ¿sabes? Mucho. Primero me haré delineante. ¡Eso es fácil! En un año... Como para entonces ya ganaré bastante, estudiaré para aparejador. Tres años. Dentro de cuatro años seré un aparejador solicitado por todos los arquitectos. Ganaré mucho dinero. Por entonces tú serás ya mi mujercita, y viviremos en otro barrio, en un pisito limpio y tranquilo. Yo seguiré estudiando. ¿Quién sabe? Puede que para entonces me haga ingeniero. Y como una cosa no es incompatible con la otra, publicaré un libro de poesías, un libro que tendrá mucho éxito...
CARMINA.— (Que le ha escuchado extasiada.) ¡Qué felices seremos!
FERNANDO.— ¡Carmina!
(Se inclina para besarla y da un golpe con el pie a la lechera, que se derrama estrepitosamente. Temblorosos, se levantan los dos y miran, asombrados, la gran mancha blanca en el suelo.)
Texto 2
«Si lloras porque has perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas», había leído Teo en un libro de pensamientos sobre la resignación y el dolor que tenía su hermana en la mesilla de noche. Dijo a su madre que comprara café bueno y se metió en su cuarto a preparar las oposiciones a Notarías.
—¿Ya no va a Madrid? —le preguntaron a Elvira sus amigas.
—No, ha dicho que no necesita academia, que las piensa sacar lo mismo.
—Será que no quiere dejaros solas a tu madre y a ti, ahora.
—No sé.
—Chica, qué fiera, yo le encuentro un mérito enorme. Vaya fuerza de voluntad, con el ánimo que tendrá después de lo que os ha pasado.
—Él dice que eso del ánimo es pretexto de vagos, que querer es poder.
—Ya ves, igual las saca. ¿Y Emilio?
—¿Emilio, qué?
—Que si las sacará Emilio.
—Ay, vaya preguntas, yo qué sé.
—Mujer, algo te habrá dicho, ¿no viene a estudiar con tu hermano?
—Eso parece, alguna vez lo veo que viene. En plan de consulta.
Las chicas sin novio andaban revueltas a cada principio de temporada, pendientes de los chicos conocidos que preparaban oposiciones a Notarías. Casi todas estaban de acuerdo en que era la mejor de las salidas de la carrera de Derecho, la cosa más segura. Otras, las menos, ponían algunos reparos.
- Responda únicamente a cinco de las diez preguntas.