Comprensió lectora: exercicis de selectivitat de Castellano: Lengua y Literatura II (Comunitat Valenciana) · PAU Mentor
Comprensió lectora: exercicis de selectivitat de Castellano: Lengua y Literatura II (Comunitat Valenciana)
13 exercicis oficials de Comprensió lectora dels exàmens de Castellano: Lengua y Literatura II de la PAU de Comunitat Valenciana, amb l'enunciat i un simulacre amb correcció.
BLOQUE I. COMUNICACIÓN ESCRITA (4 puntos)
Soltar la mano
Tenía que pasar, así, sin drama alguno, sin música de película norteamericana ni cámara que grabara la escena o mi cara en primer plano. Tenía que pasar y pasó, porque es ley de vida, esa expresión horrible que sirve tanto para la muerte como para el envejecimiento, pero nunca para nada bueno. Nadie te dice que sea ley de vida enamorarse o tener un hijo o que te asciendan en el trabajo. Te lo indican cuando alguien se [5] muere o se va de casa o te salen las primeras arrugas. O cuando tu hijo pequeño se suelta de tu mano porque se cruza con un grupo de amigos, y ese pequeño gesto, esa nimiedad, te coloca de pronto en la casilla de salida.
Ya no eres mamá, ni la mano que se busca en medio del tráfico o el bullicio, eres esa señora mayor que se sigue empeñando en acompañar a quien ya no quiere seguir siendo acompañado. Entonces, solo tienes [10] una opción digna, que es la de irse apartando poco a poco, a tirones, como un coche con muchos kilómetros al que le cuesta arrancar y aun así sigue rodando.
Te alejas, observas a otra distancia, mides las palabras con el mismo cuidado con que prepararías una mezcla explosiva o una crema pastelera. Con ese mimo, con esa dedicación, sabiendo que todo puede saltar por los aires o quemarse si los ingredientes no están bien mezclados: una pregunta, una retirada, un amago [15] de caricia, una mano que se pierde en el aire justo antes de que tu hijo desaparezca dentro del autobús, su mirada dirigida siempre al lado contrario.
Esa opción. La justa. La recomendable. La otra, la de ser colega, decir qué pasa, tronco, eso tan antiguo, imitar el saludo gestual de sus amigos, empollar términos de videojuegos para tener tema... eso realmente es lamentable. Yo lo respeto, por supuesto, porque en el amor todo vale, pero prefiero aguardar en un lugar [20] seguro, donde las cosas duelan, pero menos, esa media distancia desde la que se puede preguntar, hablar, acompañar sin ser molesta.
Ese instante en que su mano suelta la mía, como por azar, y empieza a abrirse un hueco, una fisura que se convertirá en abismo, hasta que sea él (siempre son los hijos los que empiezan) el que tienda un puente, un peldaño, toda una escalera, y ya no haya vergüenza en sentir el afecto. Mientras, sin dramas ni películas [25] de sobremesa, me aparto al borde del camino. Y el adolescente, que era un niño hasta esta mañana, se marcha sin mirar atrás no sea que se le noten la seguridad impostada, la fragilidad, el miedo, la prisa por alejarse y la absoluta certeza del regreso.
Pilar Galán Rodríguez, Información, 01-02-2026
BLOQUE I. COMUNICACIÓN ESCRITA (4 puntos)
Negar un techo por el color de piel
El racismo en el alquiler de viviendas es una perversa combinación de dos de los mayores problemas que ponen en riesgo la convivencia social: la crisis habitacional y el avance del discurso antinmigración. El problema que más preocupa a los españoles, según el CIS, es la vivienda, que se ha encarecido un 70% en los últimos 10 años. Un coste al que hay que sumar las exigencias añadidas que sufren los inmigrantes a la hora de alquilar: el 99% de las agencias [5] inmobiliarias aceptan cláusulas racistas de los propietarios, según datos de Provivienda de 2025, especialmente contra personas de África, Asia y Latinoamérica. Es la tormenta perfecta para gran parte de los ciudadanos procedentes de otros países, que suponen ya la quinta parte de nuestra sociedad (10 millones, sobre una población de 49,5 millones). La discriminación en el alquiler impide su integración social y laboral, y los condena a habitar en zonas convertidas en guetos, que a su vez realimentan los prejuicios.
[10] La mecánica es sencilla. A igualdad de condiciones económicas de los aspirantes, se cancelan con excusas las visitas a quienes tienen un acento extranjero, se les exigen garantías abusivas o precios desorbitados. Aunque no existen datos oficiales sobre el número de afectados, algunos han dado el paso de denunciar. Pero son los menos: la mayoría de los inmigrantes, que tienen que afrontar cada día numerosos prejuicios, no contemplan presentarse en una comisaría o acudir a los tribunales.
[15] Los propietarios de pisos tienen la sartén por el mango en un mercado que se ha tensionado hasta límites inéditos en España. A la hora de elegir inquilino, pueden poner sus condiciones, pero entre ellas no están los prejuicios raciales. Eso atenta contra el artículo 14 de la Constitución y contra la ley para la igualdad de trato de 2022, que prohíbe expresamente la discriminación en el acceso a la vivienda. Por supuesto, también la propiedad privada está protegida por la Constitución y por una ingente legislación. Pero en una sociedad democrática la libertad contractual [20] no es absoluta: las líneas rojas son el racismo y la xenofobia.
Los límites legales, pues, existen. Y, desde luego, es deseable una mayor profesionalización del sector inmobiliario, que establezca protocolos contra estas prácticas y aumente la transparencia en las contrataciones. Pero son las autoridades —especialmente las autonómicas, competentes en vivienda— las responsables últimas de que se cumplan estas leyes, garantizando inspecciones eficaces y creando canales de denuncia accesibles y seguros para los [25] más vulnerables.
El derecho a la vivienda y el principio de igualdad quedan en mera retórica legal si las autoridades no fijan medios para hacerlos efectivos. El racismo en el alquiler no se reduce a un mero fallo moral individual: es un problema público, que apela a toda la sociedad y exige políticas ambiciosas y valientes.
El País, 19-2-2026
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
Dar voz a un despiadado asesino
La publicación del libro El odio, de Luisgé Martín, ha provocado un debate intenso en una ciudadanía sensibilizada hasta el extremo, como no puede ser de otro modo, con las víctimas de uno de los más horrendos crímenes de los últimos años. El espeluznante asesinato a manos de José Bretón de sus propios hijos Ruth y José, de 6 y 2 años, respectivamente, sacudió a todas y cada una de las capas de nuestra sociedad. La madre de los niños, Ruth Ortiz, exesposa y víctima indubitable de la [5] crueldad de este asesino sin par, ha levantado la voz para detener la venta de un libro que la hiere y que, según su parecer, violenta la intimidad de sus hijos.
Entran en colisión aquí dos derechos fundamentales: la libertad de expresión y el derecho al honor y la intimidad. En un sistema democrático, basado en el reconocimiento de derechos individuales y libertades públicas, el conflicto entre unos y otras es inevitable. Las libertades de información, de expresión y de creación artística a veces se ejercen de forma molesta, [10] incluso dolorosa, pero no por ello de forma ilegal. En la ponderación de derechos enfrentados, el Tribunal Constitucional (TC) parte de la primacía de las libertades de información y expresión frente al derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, y solo cuando aquellas lesionan gratuitamente este derecho, pierden el amparo constitucional.
La creación literaria se encuadra en las libertades constitucionales y merece la protección legal cuando no desborda los amplios límites establecidos por el TC en su convivencia con los derechos más íntimos de la persona afectada. La reflexión [15] sobre un crimen y un criminal, desde la perspectiva de un escritor, sin ánimo panegírico, sin voluntad de desmerecer a las víctimas, siquiera de comprender las razones del asesino, puede resultar hiriente, criticable, hasta repudiable, pero en los contornos de una polémica intelectual, no de la censura legal. Al creador que defiende su libertad le pesa la correlativa obligación de soportar la crítica a su obra, en un juego de libertades donde los juicios son a veces más severos que los de un tribunal. La editorial ha actuado prudentemente al detener la distribución del libro en espera de que un juzgado resuelva esta [20] colisión de derechos que estudia la Fiscalía de Menores de Barcelona. Al mismo tiempo, el escritor ha puesto en un comunicado sus razones para abordar en el libro esta historia con «respeto a las víctimas»: dice que él no ha dado voz a Bretón, que «se la quita, niega su explicación de los hechos, le enfrenta con sus contradicciones». Pero lo cierto es que ese respeto está disminuido por la decisión expresa de no hablar del caso ni con Ruth Ortiz ni con su entorno, tal y como afirma en la página 55, para evitar «distracciones».
[25] Debemos defender, por todo ello, la libertad de expresión. Pese a que su ejercicio pueda causar dolor o disintamos, debe ser lícito que un escritor elija cualquier asunto y pueda publicar sus ideas, aunque alguien pueda definirlos como infames. Eso sí, el autor debe someterse a las críticas que su trabajo provoque, libremente expresadas, incluso al vituperio o al escarnio. Cualquier filtro previo de ese ejercicio, cualquier consideración que pretenda la negativa a ejercer esa libertad de expresión o de imprenta, nos llevará a consideraciones sobre límites: qué se prohíbe, cuándo se prohíbe, quién lo prohíbe, cómo se [30] prohíbe para evitar que se llegue a un posible conflicto. Y entonces estaremos abriendo la puerta a la censura, que es uno de los recursos más peligrosos para la democracia y la convivencia.
ABC, 21-3-2025
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
El lobo venía y no era una metáfora
Lucía Méndez
Al lado de la casa donde nací, la última del pueblo antes del monte escarpado, se escuchaba aullar a los lobos en las noches al raso. No es una forma de hablar, ni un recurso literario. Me crié en tierra de lobos.
El lobo de la niñez no era el lobo imaginario de Los tres cerditos, ni el lobo travieso que corre detrás de mis nietos para que ellos corran más para escapar de él. El lobo de entonces era el peligro escondido y silencioso en los [5] montes del pueblo, de donde salía casi siempre de noche y a traición. Allí no se decía: ¡que viene el lobo! Se gritaba: ¡Ha venido el lobo, esto es una carnicería!, y el dueño del rebaño atacado enseñaba el rastro de la sangre de los corderos y las ovejas.
Venía el lobo y todo eran gritos de terror y repique de campanas que tañían a miedo. El lobo era el enemigo del pueblo y la boca del lobo era la noche cerrada -no había farolas- que caía sobre nosotros a las cinco de la tarde. [10] Sentados a la lumbre, los abuelos decían aquello de: «Eso p'a los lobos» cuando algo se volvía inservible.
Aún ahora, en las tardes de invierno, la visión del monte de noche tiene el mismo aspecto de la boca del lobo. Hace poco se me hizo tarde andando por el pueblo y una voz amiga con una linterna me gritó: «¿Dónde vas a estas horas?, ¡que te va a comer el lobo!». Y no me lo dijo por decir.
A mis padres les gustó mucho el episodio en el que Félix Rodríguez de la Fuente -ya teníamos tele- convertía al [15] lobo en un mito. Pero sin salir de la pantalla. El lobo, lejos, y a poder ser, muerto.
La idea de la Naturaleza de los habitantes de las ciudades y de las organizaciones ecologistas nunca fue la realidad de la Naturaleza de los que nacimos y crecimos en y de la Naturaleza.
Hay allí en Sanabria un centro de interpretación del lobo. Los turistas pagan dinero por ver los lobos desde lejos. Esperan horas porque los lobos salen cuando ellos quieren. Qué cosas. Yo me moriría de miedo viendo un lobo, [20] aunque estuviera lejos.
El lobo, he leído a los ecologistas, es un animal frágil y vulnerable -¡vulnerable!-, una especie que hay que mimar porque cada vez hay menos ejemplares. No es un depredador peligroso, es el Hermano Lobo de la revista satírica de la Transición. Quién nos lo iba a decir. En mi pueblo no están muy de acuerdo. No pueden estarlo. Me contaron que un conductor atropelló a un lobo y que el animal fue evacuado en helicóptero. Igual es leyenda, pero la [25] realidad es que por allí creen que se protege más al lobo que a las personas.
El Mundo, 22-3-2025
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
Pantallas en las aulas
La Comunidad de Madrid ha anunciado que, a partir del próximo curso, quedarán prohibidas las pantallas de uso individual en las etapas de infantil y primaria, es decir, hasta los 12 años, en todos los centros sostenidos con fondos públicos. Murcia ha decidido también restricciones similares. Cataluña ha encargado a un comité de expertos que analicen la cuestión y hagan recomendaciones. Por su parte, un informe encargado por el Ministerio [5] de Juventud e Infancia propuso el diciembre pasado eliminar las pantallas en la etapa infantil y priorizar la enseñanza analógica en primaria.
Vistos los buenos resultados que ha tenido la prohibición del uso de los móviles en los colegios, tiene sentido plantearse también qué hacer con las otras pantallas, las de las tabletas o los ordenadores. Algunos expertos sostienen que el elevado consumo de contenidos digitales puede estar en la base de la caída del rendimiento [10] escolar y de la pérdida de ciertas habilidades que dependen del entrenamiento cognitivo. Crece la sospecha de que no es solo por la distracción que representan, sino por la forma en que modifican la percepción y el proceso mental del aprendizaje, que hace que tengan más dificultades para fijar la atención.
Pero ver solo los peligros de las nuevas tecnologías puede resultar reduccionista. En el caso de Madrid, la medida ha sido anunciada sin un debate ni un diálogo previo con la comunidad educativa. Cualquier medida [15] debería huir de los planteamientos maniqueos que contrapongan las tecnologías digitales con la enseñanza tradicional. Estamos en los inicios de un debate en el que falta evidencia científica.
Para empezar, hay que distinguir entre los teléfonos móviles, que son una ventana permanentemente abierta a la distracción y tienen un componente adictivo muy fuerte, y los ordenadores y tabletas, que pueden ser utilizados de forma más controlada con propósito educativos. El problema no reside tanto en las tecnologías en sí mismas [20] como en los contenidos y los usos que de ellas se haga en cada momento. En general, la prohibición total como método para evitar malos usos no es una buena solución, porque impide aprovechar el potencial pedagógico que también tienen.
El debate debe centrarse en cómo y cuándo se introducen los medios digitales en el aula, y en esta cuestión también han de tener un margen de decisión los equipos docentes de cada centro. Han de poder decidir el uso [25] pedagógico de estos instrumentos cuando lo exija el proyecto docente, siempre que el alumno tenga el acompañamiento adecuado. Los medios digitales no tienen por qué desplazar el aprendizaje analógico. Pueden extenderlo o complementarlo, una vez adquiridas las habilidades y el entrenamiento cognitivo necesario para un buen aprendizaje. La cuestión no es pantallas sí o pantallas no. Lo importante es fomentar la capacidad analítica, crítica y creativa de los alumnos, también en relación con las nuevas tecnologías.
El País, 24-3-2025
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
Estupidez artificial
Víctor Lapuente
Lo que da miedo de 2024 no es la inteligencia artificial, sino la estupidez humana. Lo tenebroso no son las nuevas formas de trabajar y relacionarnos que traerá la tecnología futura, sino las viejas lecciones de vida que trajeron las tecnologías pasadas y que no hemos aprendido. Y la principal es que cualquier cambio disruptivo ocasiona ganadores y perdedores y, si no se toman medidas proactivas, la enorme riqueza que genera una [5] tecnología, como los molinos medievales o las máquinas de tejer en la revolución industrial, acaba en las manos de una élite y no de los campesinos, obreros o hiladoras.
Es la advertencia que Daron Acemoglu y Simon Johnson hacen en su libro Poder y progreso. Los datos apuntan a un aumento de la desigualdad tanto entre personas como entre territorios. Por ejemplo, en EE UU, el 90% del crecimiento en el sector de la innovación se produce en tan solo cinco ciudades (Boston, San Francisco, [10] San José, Seattle y San Diego), cinco oasis cada vez más luminosos en el creciente desierto en el que se convierte el continente norteamericano.
La robotización está eliminando y precarizando trabajos a la velocidad de un nanosegundo en el metaverso, pero no es inevitable. La inteligencia artificial puede tener dos efectos contrarios sobre el mercado laboral: automatizar los trabajos que hacen los humanos para, así, sustituirlos (como con los cajeros de supermercados) o [15] aumentar los trabajos facilitando dispositivos tecnológicos a las personas que hagan más valiosos sus puestos de trabajo. Es lo que ocurre cuando se facilitan aparatos de radio-imagen a los sanitarios para que los usen en visitas a domicilio, o software complejo a los mecánicos de coches.
Y, hasta ahora, automatizar ha sido la prioridad sagrada. Pero no es solo de las empresas privadas, obsesionadas por reducir costes laborales, sino también de las administraciones públicas y los organismos que financian los [20] proyectos científicos de inteligencia artificial. El ingenio que se suele premiar con una beca o un trabajo es el de quien es capaz de desarrollar un algoritmo que haga lo mismo que una persona a un coste inferior. El objetivo es derrotar al ser humano, no hacerlo más productivo.
Para conseguir una prosperidad compartida no necesitamos pues tanto un cambio de política o economía, como de filosofía: poner a la persona en el centro de la máquina.
El País, 2-1-2024
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
Súper
Fernando Savater
Por la Red nos llueven constantemente los anuncios de superalimentos. Suelen presentarse como una especie de adivinanza, para obligarnos a prestar más atención: “¿Sabe usted cuál es el superalimento que protege el corazón, desarrolla la memoria, aumenta la potencia sexual y evita la caída del pelo?”. Uno piensa que ya será menos, pero vence la curiosidad y te tragas el anuncio: [5] luego, resulta que el producto milagroso es algo de lo más corriente, las lentejas o las almendras garrapiñadas, que hemos comido toda la vida mientras se nos caía el pelo, perdíamos la memoria o nos daba un infarto. O se trata de un producto ignoto que proviene de regiones selváticas donde suelen tomarlo indígenas que aún no conocen la rueda y cuyo aspecto físico es de tener 100 años antes de cumplir los 30. Pero nada nos disuade de encontrar alguna panacea, como aquellos licores [10] curalotodo que venden en las pelis del Oeste charlatanes con chistera abollada que guían un cansino carromato. Píldoras, legumbres, frutas, hongos… ¡alguno funcionará! Si no es esto será aquello, pero algo debe de haber que nos reponga, que cancele nuestros males y deficiencias, que nos devuelva las fuerzas, la energía y las ganas, las ganas sobre todo…
Sigan atentos a Google y TikTok, que no decaiga. A falta de un superalimento verdaderamente [15] eficaz, que sea una idea sublime que dote de un halo heroico la vida atontada de palurdos que llevamos: ¡la lucha contra el cambio climático, la denuncia de la pederastia clerical, la aniquilación del heteropatriarcado o la independencia de Cataluña! Algo glorioso triunfará sobre la inercia, borrará el vacío estúpido de nuestra rutina y nos hará pasar a un nivel superior, como en en el más apasionante videojuego. Y si tampoco esto funciona…, pues volveremos a las lentejas, a la chía y a [20] las moras silvestres. ¡Lo súper debe estar en alguna parte!
El País, 11/11/2023
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
Vientres de alquiler
Editorial
La noticia de que la actriz y presentadora Ana Obregón, de 68 años, había decidido ser madre de nuevo por el procedimiento de un vientre de alquiler en Estados Unidos ha reabierto el debate en la política y en la sociedad sobre esta práctica prohibida en España, pero legal en otros países. El fracaso en 2019 del intento de Ciudadanos para legalizarla fue el último episodio. La ley de reproducción asistida de 2006 establece que cualquier contrato de esa [5] naturaleza será nulo, y la reciente reforma de la ley del aborto califica expresamente la contratación de un vientre de alquiler como una forma de violencia contra las mujeres, en consonancia con organismos multilaterales. Pero la posibilidad de recurrir a ese método en países donde está legalizado plantea una incongruencia entre la regulación legal vigente y su efectivo cumplimiento. Desde que una instrucción de la Dirección General de Registros y del Notariado permitió, en aras del interés del menor, que pudieran registrarse en España los niños nacidos en otro país, son muchas [10] las parejas, y los hombres y mujeres que han recurrido a un vientre de alquiler para sortear la prohibición. Al calor del impacto mediático del caso Obregón, la dirección del PP se precipitó a plantear primero la conveniencia de estudiar una posible regulación de la gestación subrogada altruista, es decir, sin compensación económica, para rectificar después ante la división interna suscitada. Pero las razones para mantener la prohibición son plenamente vigentes. La experiencia de los pocos países que la han regulado indica claramente que los problemas éticos que plantea [15] no se resuelven con una regulación más o menos restrictiva. La cuestión es que su legalización comporta siempre una mercantilización del proceso reproductivo y una explotación inaceptable del cuerpo de la mujer. Los casos de gestación subrogada altruista son testimoniales y, en cambio, se genera un comercio de bebés a la carta y un gran negocio de intermediación. En la inmensa mayoría de los casos las gestantes son mujeres pobres que encuentran en la cesión de su capacidad reproductiva una fuente de ingresos. Cuando la vulnerabilidad económica es el factor determinante, no se [20] puede hablar de libertad ni de autonomía de las mujeres para decidir sobre su cuerpo. En el momento en que media una transacción económica, el proceso se corrompe por un mecanismo de explotación social que es prácticamente inevitable.
Las técnicas de reproducción asistida permiten superar los límites naturales de la fertilidad y, tal como se aplican en Estados Unidos, lo hacen sin plantearse una edad límite o las condiciones en que se debe permitir el acceso a esta [25] práctica para garantizar la protección del bebé. Por motivos altruistas puede ser humanamente comprensible en algún caso, e incluso cabe estipular circunstancias muy excepcionales para hacerlo, pero no debe poner en riesgo la seguridad y el bienestar del menor. Esa es la razón por la que en los procesos de adopción se analizan la motivación y la idoneidad de los aspirantes, y se exige que la diferencia de edad entre el niño y los padres adoptivos no supere los 45 años. En el caso de los vientres de alquiler se ha caminado a una banalización de la técnica, con cada vez más casos de modelos, [30] famosos o ricos sin más que recurren a un vientre de alquiler por conveniencia profesional o para preservar su cuerpo de los efectos de un embarazo. La maternidad o la paternidad pueden ser un deseo legítimo, pero no prevalecen sobre el derecho del niño concebido ni sobre los derechos humanos de las mujeres.
El País, 1-4-2023
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
El ‘bullying’ y la sociedad acosadora
Jordi Mir
Dos casos en los últimos días han centrado la atención en el bullying, el acoso escolar. Han afectado gravemente a chicos y chicas de 12 y 15 años en Sallent y La Ràpita. Por lo que sabemos, hasta ahora, desde las familias y por los testimonios dejados en los suicidios habrían sufrido acoso por diferentes motivos. Un acoso que no se habría considerado suficientemente grave en los centros educativos como para activar los protocolos previstos en estos [5] casos, aunque las familias y personas cercanas eran conscientes de ello.
Mertixell Plana, responsable de comunicación de l’Associació Catalana per a la Prevenció de l’Assetjament Escolar, afirmaba que en todas las escuelas hay bullying. Hablaba con esta rotundidad en El Suplement de Catalunya Radio y añadía: “Los compañeros siempre saben que alguna persona está pringando”. Demasiadas personas debían saber lo que estaba pasando y ahora es tarde para lamentaciones y muestras de solidaridad.
[10] Convendría preguntarse qué explica que no se reaccionara en estos casos o en otros similares. El acoso no es un insulto o una pelea puntual, es una práctica constante en la que se ejerce algún tipo de violencia, no hace falta que sea física, contra una persona. Esa violencia es evidente para las personas que conviven con ella. Más allá de lo que ocurre en los centros educativos y las familias, y de todo el trabajo que se debe hacer en su interior y en su entorno inmediato, convendría pensar en cómo nuestras sociedades son acosadoras.
[15] Nuestra sociedad ha naturalizado el acoso, las diferentes formas de acoso, durante demasiado tiempo. Tal vez deberíamos decir que nuestra sociedad se fundamenta en el acoso. En los últimos años, gracias a la reivindicación y el activismo, se está consiguiendo poner un foco de nuestra atención en el mobbing laboral, el acoso sexual, las prácticas homofóbicas, transfóbicas, aporofóbicas… Se están identificando estos tipos de acosos, de violencias, y se intenta revertirlos.
[20] El acoso surge de una supuesta superioridad que supuestamente legitima que alguien pueda abusar, violentar, a otras personas que tienen alguna característica que supuestamente las hace inferiores y supuestamente merecedoras de ese acoso. Se acosa a alguien por sus ideas, por su género, por su cuerpo, por su condición social, por sus enfermedades, por su diversidad… Lo podemos ver cotidianamente en los medios de comunicación y en las redes sociales. Lo podemos ver cotidianamente también en la práctica política, en el Parlament, en el Congreso de los [25] Diputados, en plenos municipales, en artículos de opinión, en diferentes tipos de intervenciones públicas…
Los chicos y chicas que sufren bullying son víctimas, pero no podemos dejar de ver a las personas acosadoras como víctimas también. Cuando chicos o chicas de 12 años acosan con prácticas violentas basadas en la transfobia, en la pobreza, en la manera de hablar, en una enfermedad, o en cualquier otra característica, necesitamos pensar en cómo han crecido en una sociedad que les ha llevado a pensar que una persona con estas características merece ser [30] agredida.
El País, 02-03-2023
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
La tristeza de los jóvenes
Najat El Hachmi
La adolescencia siempre fue una etapa de crisis existencial, pero no sé si alguna vez llegó al extremo de provocar los actuales niveles de sufrimiento. Hasta el punto de que el suicidio es la principal causa de muerte entre los jóvenes en Occidente. Lo cual, como cultura y como civilización, tendría que convertirse en el centro de todos los debates filosóficos.
[5] Como madre que lo fue por primera vez al filo del milenio no puedo evitar sentirme interpelada. Tal vez sería un buen momento para revisar nuestros modelos de crianza y de educación. Recordemos, por ejemplo, que hubo una época en la que hacía furor el concepto nativos digitales. ¡Con qué eufórico entusiasmo nos lo vendieron! La principal consecuencia de aquella moda es que los adultos dejamos solos a los niños con las pantallas, convirtiéndose estas en transmisoras de valores, no en vano pasaban más tiempo con ellas que con [10] nosotros. Esta visión ingenua y confiada de la tecnología convivió con dos modelos de crianza opuestos, difundidos de forma masiva: el Estivill y el González. Uno de estricto y cruel conductismo al servicio de la productividad y otro de falta absoluta de límites, en el que el niño y sus necesidades eran el centro de todo. Diría que se impuso el segundo y eso explicaría muchas cosas. ¿Cómo enfrentarte a la vida y al mundo cuando desde pequeño te lo han dado absolutamente todo y te han ahorrado hasta la más mínima frustración? Entiendo que el [15] ejercicio del deber parental es un muy difícil equilibrio entre evitar que los hijos se hagan daño y dejar que desarrollen sus propias estrategias para solucionar los problemas que se les van presentando. Hacerlo, encarar dificultades y superarlas, dota de una robusta confianza en uno mismo infinitamente más útil que la sobreprotección.
Al fin y al cabo, a pesar de la incertidumbre, estos jóvenes viven en realidad mucho mejor que las [20] generaciones que les preceden y sus condiciones económicas son incomparables con las que imperan en otros países. ¿Por qué están tan tristes los jóvenes occidentales mientras que el empuje vital de los jóvenes africanos es tan grande que les lleva a cruzar medio continente y arriesgar sus vidas en el mar? Tal vez porque estos últimos tienen la esperanza de llegar a un mundo mejor, mientras que los primeros ya nacieron en el mejor de los mundos y en él parece que no son felices.
El País, 31-12-2021
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
Juli y Tamara
Ana Iris Simón
La canción del verano de 2005 fue La gasolina e igual estaba sonando cuando Juli y Tamara se conocieron. Fue en las fiestas de la Virgen del Rosario de Ontígola. Él era hasta entonces tan solo el chico de la Montse, Julito el de los pisos, el chaval que hacía capoeira. Ella tan solo era hasta entonces Tamara “la del C”, la alumna más aplicada de su clase y también la que llevaba los pendientes de aro más grandes y el rabillo del ojo [5] más largo. Pero desde aquella noche fueron siempre juntos.
En el prólogo de su tesis Tamara escribió que nunca le había resultado raro “criarse en un piso de protección oficial, juntarse diez para comer cada día o tener el mismo novio desde los catorce”, que eran los años que tenía en aquellas fiestas. Pero, aunque ni para ella ni para Juli fuera extraño, estoy segura de que tuvieron que escuchar muchas veces aquello de que se estaban perdiendo la vida, tan críos y tan ennoviaos. [10] Los que hemos sido testigos de su historia desde el principio sabemos que ha sido justo al contrario. Que se han sabido acompañar en el paso de la adolescencia a la juventud y de la juventud a la madurez. Que solo juntos han podido superar dolores que a muchos nos quebrarían, porque la vida a veces se da un poco mal. Que sí, que la mayoría de historias de amor encierra alguna verdad, pero la suya aún más porque implica trabajo y esfuerzo. Porque encarna la epicidad menos vistosa pero quizá la más relevante: la de la constancia. Y la [15] sospecha, casi desde niños, de algo que la mayoría de los de su quinta hemos olvidado: que cuando algo se rompe no se tira sino que se arregla.
Supongo que no soy la única del grupo de amigos que habla de ellos cuando se habla de amor, que rozando la treintena es cada vez con más frecuencia porque uno empieza a repasar su lista de fracasos y a darse cuenta de que tanto Tinder como Instagram, que es el Tinder de los que no tienen Tinder, son divertidos solo hasta el [20] tercer scroll. Sospecho que no soy la única que los pone de contraejemplo cuando se comenta que las parejas duran cada vez menos, que las relaciones cada vez son más líquidas porque parece como si le exigiéramos cada vez más al amor a la par que somos, paradójicamente, más incapaces de trabajar y esforzarnos por él cada día.
En junio, dieciséis veranos después de aquel en el que La gasolina sonaba en todas partes, Juli y Tamara se casaron en la ceremonia más bonita del mundo, bajo los olivos que él había plantado de crío con su abuelo [25] Evaristo, que era campesino. Viéndola a ella llegar al altar, tan sonriente, y a él tan nervioso esperándola con las manos cruzadas bajo la cintura, pensaba en los niños que fueron.
Y pensaba también en que el único orgullo permisible es el de los humildes, porque es el que emana de las cosas importantes. Eso lo aprendí de mis abuelos y era ese con el que se miraban el uno al otro aquel día y con el que el resto los mirábamos a ellos. Porque el amor es de los pocos patrimonios que merecen la pena y de los [30] pocos a los que pueden agarrarse los que, como Tamara, han crecido en pisos de protección oficial. Y porque, aunque para ella no sea extraño juntarse diez para comer cada día ni tener el mismo novio desde los catorce, quererse como se quieren Juli y Tamara es hoy revolucionario.
El País, 16/10/2021
Responda las preguntas I.1.1, I.1.2 y I.2 sobre el texto.
BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
La estirpe de los equidistantes
Vicente Vallés
El 6 de noviembre de 1936, el gobierno de la Segunda República, presidido por el socialista Francisco Largo Caballero, decidió abandonar Madrid para refugiarse en Valencia. Las tropas de Franco sitiaban la capital, que parecía estar a punto de caer (no ocurrió hasta abril del 39). Aquel día, Manuel Chaves Nogales, periodista, escritor y republicano militante, optó por el exilio. «El poder que el gobierno legítimo (de la República) [5] dejaba abandonado en las trincheras de los arrabales de Madrid –escribió después– lo recogieron los hombres que se quedaron defendiendo heroicamente aquellas trincheras».
Ya exiliado, Chaves Nogales destiló su frustración, su desengaño y su pérdida en «A sangre y fuego; héroes, bestias y mártires de España» (que de todo hubo), un relato que ayudaría a reflexionar a unos cuantos exaltados que hoy ocupan puestos relevantes en nuestra política y que chapotean en el odio, porque para ellos [10] odiar es más fácil que respetar. «Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos», escribió Chaves Nogales, para dejar constancia de que «no me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual», sentenció al explicar que creía «haber contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros».
«Antifascista y antirrevolucionario por temperamento», Chaves Nogales hizo «constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado», y auguró, aún [15] en plena Guerra Civil, que de aquella matanza y, ganara quien ganara, saldría «un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra». Se quedó corto.
Huido a París con su familia, tuvo que escapar de nuevo a Londres cuando las tropas de Hitler invadieron Francia. Y en la capital británica murió en 1944, con solo 46 años de edad. Nunca dejó de defender la [20] democracia, concepto que entendía como incompatible con las posturas más extremistas a derecha e izquierda. Promovía exactamente eso que los corifeos del extremismo no soportan, desprecian y persiguen.
Aun así, Chaves Nogales no perdió la esperanza de que se pudiera llegar «más tarde o más temprano a la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de diversas ideas». Eso es lo que entendió con generosidad la generación de [25] españoles, procedentes de un lado y de otro, que alumbró la Transición que algunos quieren ahora destruir. Quienes, en el ejercicio de su libertad, siguen respaldando aquel pacto democrático son señalados por los nuevos inquisidores como parte de una despreciable estirpe de equidistantes. Porque se desprecia y se persigue al moderado y solo se acepta la adhesión inquebrantable, sea por convencimiento fanático o por miedo. Eso fue lo que obligó a salir de su país a tantos españoles. Entre ellos, a Manuel Chaves Nogales: republicano, [30] antifascista, anticomunista, demócrata y patriota. Equidistante.
La Razón, 25/04/2021
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BLOQUE I. Comunicación escrita (4 puntos)
El lenguaje lo sufre todo
Alex Grijelmo
La lengua española lleva mucho tiempo siendo torturada por la política, para ver si así confiesa sus culpas. La Constitución ya forzó el término “nacionalidades” en aras del consenso; pero nadie dice “este año ha nevado mucho en mi nacionalidad”. A eso se unió la bienintencionada decisión de suprimir del castellano los topónimos tradicionales de Cataluña (ojo: los tradicionales, no los inventados por el franquismo), y decimos “Girona” y [5] “Lleida” mientras los catalanohablantes siguen mencionando, legítimamente, “Saragossa”, “Lleó”, “Conca”, “Terol”… Los eufemismos se suman a esa tortura; y a ellos se añaden, con opuesta voluntad, las duplicaciones de género (ahora “portavoces y portavozas”) o hasta la conversión de epicenos en femeninos.
La solidaridad al contemplar los problemas de la mujer lleva a muchos ciudadanos a decir “la jueza” y “las juezas”. Esa a que marca el femenino no añade información, pero denota la intención ideológica de fondo; y es [10] comprensible.
Esta corriente, por cierto, ha mostrado gran interés en “jueza” o “concejala”, pero ninguno en otros femeninos igualmente posibles, como “corresponsala”, “estudianta” o “ujiera”; al tiempo que desdeña las duplicaciones de las que sí dispone el idioma, como “poeta” y “poetisa”, pues se pretende unificar en “poeta” las dos alternativas y usar una sola forma para los dos géneros, justo lo contrario de lo que pasa con “juez” y [15] “jueza”.
La insistente campaña duplicadora ha contribuido, sí, a formar una conciencia general. Pero incluso las más exitosas campañas publicitarias caducan algún día y son retiradas para no cansar al público y resultar contraproducentes. De hecho, la machacona duplicación del género (si fuera esporádica y más simbólica en un discurso se digeriría mejor) agota seguramente a muchas personas, y tal vez les hace pensar si no se atenta ya [20] contra su inteligencia cuando alguien dice “los diputados y las diputadas de mi grupo”; porque todos los españoles saben que los grupos están formados por diputados y diputadas, y la duplicación parece decirles que no se han enterado.
Del mismo modo, la frase “fui a una boda y no dejé de gritar vivan los novios” activa de inmediato la imagen de un hombre y una mujer que se casan, pero ahí sí sería necesario advertir de que los contrayentes eran por [25] ejemplo un novio… y un novio. No se puede pensar en la aplicación de la lengua sin reflexionar también sobre cómo los contextos compartidos (y cambiantes) influyen en los mensajes.
Ciertos partidos hacen tanto hincapié en el léxico que, a fuerza de mirar el escaparate de su lenguaje, olvidamos lo que se debería despachar en su mostrador: leyes que mejoren la vida de las mujeres y anulen la brecha salarial, dotaciones contra la desigualdad, más servicios sociales...
[30] Ésas son las iniciativas que hacen falta. Ahora bien, requieren capacidad de pacto entre fuerzas afines que puedan formar mayorías para sacar adelante las soluciones. Pero da la sensación de que esos partidos están señalando tanto lo que desean, que acaban concentrados, ellos mismos, en su propio dedo.
El País, 10/02/2018
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