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DESINFECCIÓN EN EL HOGAR: EL PAPEL QUÍMICO DE LA LEJÍA
En la limpieza doméstica es frecuente el uso de lejía para desinfectar superficies de cocina y baño. La lejía comercial es una disolución acuosa de
NaClO (
M = 74,5 g·mol⁻¹), cuya concentración suele rondar el 5% en masa, con una densidad de 1,08 g·mL⁻¹, aunque existen formulaciones más concentradas destinadas a usos profesionales. El ion hipoclorito actúa como agente oxidante y desinfectante. En agua, el ion hipoclorito se hidroliza parcialmente, generando pequeñas cantidades de ácido hipocloroso (
Ka=3,5⋅10−8), un desinfectante incluso más eficaz que el propio ion hipoclorito debido a su mayor capacidad para atravesar las membranas celulares de los microorganismos.
Cuando la lejía se almacena durante largos periodos, especialmente en lugares cálidos o expuestos a la luz, el
NaClO se descompone lentamente produciendo cloruro de sodio y
NaClO3. A temperatura ambiente, después de seis meses, es habitual que al menos un 8% del
NaClO inicial se haya transformado en
NaClO3, lo que modifica tanto la eficacia desinfectante como las características de la disolución.